Guido Jouret, Chief Digital Officer de ABB, nos habla sobre innovación

16-08-2018 - La innovación tecnológica ha sido el principal cometido de ABB desde hace más de 130 años. Como Chief Digital Officer de ABB, Guido Jouret, responsable de la supervisión de ABB Ability™, la unión de todas las capacidades digitales de la compañía, es el encargado de concebir nuevas formas de llevar las innovadoras soluciones digitales de ABB al siguiente nivel. En esta entrevista habla sobre las oportunidades que están por venir.

¿Qué cambios ha visto el mundo en los últimos años y cómo se relacionan esos cambios con la actual misión de ABB y la suya propia?

El mayor avance ha sido la llegada de la cuarta revolución industrial, que combina el mundo físico y el digital. Nuestro trabajo consiste en aprovechar los logros de las otras revoluciones industriales que mejoraron la vida de forma notable el siglo pasado, y no solo en el primer mundo. La esperanza de vida se duplicó, miles de millones de personas salieron de la pobreza y hay más gente con acceso a asistencia sanitaria, comida y agua potable. Sin embargo, también hemos pagado un precio a cambio. Por eso, ahora nuestro compromiso con la Industria 4.0 es usar todas las herramientas digitales a nuestro alcance a fin de llevar los beneficios de las anteriores revoluciones industriales a incluso más personas, al tiempo que corregimos las consecuencias negativas. Esto implica crear una red más ecológica, electrificar el transporte, combatir la contaminación y el cambio climático con unas infraestructuras más inteligentes y ayudar a resolver el enigma de cómo alimentar a un planeta con nueve mil millones de personas cuando nos quedemos sin tierras de cultivo. Creo, y nuestros clientes también lo piensan, que podemos lograrlo gracias a ABB AbilityTM, nuestra oferta digital unificada para distintos sectores industriales.



En alguna ocasión ha comentado que, en vez de conformarse con optimizar las arquitecturas ya existentes para lograr avances paulatinos, las empresas pueden conseguir mucho más con un cambio radical de las reglas de juego. ¿Qué quiere decir?

Hace poco di una charla en la que afirmé que, a medida que la cuarta revolución industrial y de la energía avanza, los clientes van descubriendo valores al reinventar sus modelos empresariales de formas radicalmente nuevas a través de las innovaciones digitales. Uso la frase "Movamos bits, no átomos", para describir en cuatro palabras una forma de replantearse el modelo de funcionamiento de la economía industrial.

Hoy en día, movemos "átomos" (recursos vitales como energía, agua y comida) a distancias increíbles para llevarlos desde las fuentes de las que proceden a los lugares donde se necesitan. Pero eso ha tenido un impacto muy negativo en el medio ambiente al aumentar las emisiones de carbono y la deforestación. En vez de transportar "átomos", ¿por qué no ofrecemos experiencia, o "bits" (por ejemplo, conocimientos cifrados en software), sin crear fricciones? Los bits de información prácticamente no pesan nada; una molécula de agua pesa un número seguido de 30 ceros más que un electrón. Así que la idea es mover esos "bits" donde se necesitan los "átomos" de recursos.
Y no se trata solo de una analogía poco clara. Ya lo podemos ver en el sector de la energía: estamos pasando de grandes plantas eléctricas centralizadas a una producción distribuida que usa paneles solares, microrredes y aerogeneradores. Así que aquí también podemos decir: ¡lo pequeño es hermoso!



Parece como si estuviera hablando del surgimiento de la inteligencia distribuida.

El modelo del futuro va a ser más modular y menos centralizado. Sin embargo, si queremos alejarnos del modelo centralizado y de grandes dimensiones actual, hay que coordinarse porque, en vez de tener una enorme fábrica o central eléctrica, vamos a contar con muchas plantas pequeñas. Tenemos que conseguir que estas unidades más pequeñas se compaginen. Es como dirigir una orquesta. Por ejemplo, si contamos con múltiples fuentes de producción de energía - turbinas, paneles solares y almacenamiento de energía en baterías— tenemos que armonizar la oferta y la demanda. Básicamente, lo que quiero decir es que necesitamos un sistema nervioso digital.

¿Qué es un sistema nervioso digital?

No va a ser posible dirigir y controlar todo de forma centralizada. Toda la información no puede llegar a un único centro de control ni una sola persona puede estar tomando todas las decisiones. Tenemos que basarnos más en el "piloto automático" de cada sistema individual. Es decir, tenemos que transferir la toma de decisiones diarias y a pequeña escala a sistemas cada vez más inteligentes. Así que, en este sistema nervioso digital, no hay un único piloto automático a bordo. Hay muchos y no están centralizados, pero sí coordinados. Además, en su diseño se ha incluido la tolerancia a fallos. La forma de funcionar de internet es un ejemplo muy claro.

¿Qué papel va a desempeñar la Inteligencia Artificial (IA)?

Soy optimista respecto a la IA. En primer lugar, la tecnología de aprendizaje automático ha avanzado muchísimo en los últimos años. Pero la mayoría de la gente no se da cuenta de que, en realidad, los algoritmos de redes neuronales de base no han experimentado ninguna mejora esencial. Los modelos que usamos hoy son los mismos de hace 40 años. Como ahora contamos con una capacidad informática muchísimo mayor, podemos crear redes neuronales mayores. Pero seguimos repitiendo un paralelismo muy primitivo con una neurona humana.

Por poner un ejemplo del alcance del problema, pensemos en un ordenador con el juego GO. Para jugar a GO, utiliza una enorme torre de servidores que consume miles de vatios de energía. El cerebro humano medio consume solo 60 vatios, el equivalente a la típica bombilla incandescente. Además, el cerebro no solo está jugando a GO, también está procesando información visual y controlando el cuerpo.
Otra razón por la que esta disparidad en el uso de energía es tan chocante es que las neuronas humanas son miles de veces más lentas que las electrónicas. En teoría, un ordenador debería ser mil veces más eficiente que nuestro cerebro a la hora de ejecutar los algoritmos de GO pero, en realidad, es millones de veces menos eficiente.



Entonces, ¿esto significa que no hemos dado con la arquitectura correcta?

Eso es. Estamos intentando abordar algo con instrumentos rudimentarios. ¡Imagínese lo que podríamos hacer si entendiéramos cómo funcionan realmente las neuronas humanas! Por eso pienso que la IA tiene un gran futuro por delante. Pero el ritmo de avance que podemos conseguir en la IA es potencialmente millones de veces mayor al actual.

Parece que los robots están avanzando muy rápidamente, ¿cuál es su opinión al respecto?

Vamos a ver robots de todas las formas y tamaños: desde robots aspiradores Roomba a vehículos de guiado automático (AGVs) que, básicamente, son robots con ruedas que trabajan codo a codo con personas, por ejemplo, en almacenes donde hay que quitar las existencias de las baldas y ponerlas en contenedores o cintas transportadoras para realizar envíos. También empezamos a ver robots en el sector servicios: robots que cocinan, cortan el pelo o dispensan medicamentos. Además, creo que hay un gran futuro para los robots y la maquinaria de automatización en la agricultura. Tengamos en cuenta, por ejemplo, que en Japón la edad media de un agricultor en 2017 era 67 años. Está claro que hay una necesidad acuciante.

En mi opinión, tenemos que aceptar que los robots no van a ser antropomorfos. No tienen por qué tener forma humana. Pensemos que una embarcación autónoma, algo que veremos en funcionamiento más o menos dentro de un año, es un tipo de robot porque, además de motores, tracciones y actuadores, también tiene inteligencia.



¿Qué retos nos aguardan?

A pesar de todos los avances que estamos logrando en los ámbitos de IA y aprendizaje automático, sigue habiendo una limitación básica: estamos creando sistemas intrínsecamente frágiles. Es decir, solo pueden resolver los problemas que abarque el conjunto de formación y preparación, o conjunto de ejemplos y casos de uso, en el que se han creado.

Un buen ejemplo es el coche sin conductor. Si ordenas a un coche autónomo que nunca cruce una línea continua amarilla, todo va bien hasta que el coche se queda bloqueado detrás de una furgoneta parada porque el conductor se ha bajado para hacer un reparto. Ese coche autónomo no tendrá ningún reparo en esperar detrás de la furgoneta, congestionando el tráfico. Así que tenemos casos especiales y problemas con excepciones, como en este ejemplo. ¿Qué criterios debemos seguir aquí? Lo mejor sería que el coche pasara unos centímetros la línea continua amarilla para ver qué hay delante de la furgoneta y, si no viene ningún vehículo en sentido contrario, adelantar a la furgoneta. Aquí entra en juego el juicio y la predicción, algo fuera del alcance de los sistemas actuales. Son incapaces de hacer algo así.

Ha hablado con frecuencia del alza de la tecnología operativa (OT) y lo que va a suponer para nuestra industria.

El espacio industrial donde vive la OT se está convirtiendo en un gran receptor de innovaciones dirigidas a los consumidores. Me explico. Hace unos años, si querías trabajar con la mejor tecnología, sobre todo en Estados Unidos, tenías que trabajar en un sitio relacionado con el gobierno o la NASA. Luego, con la llegada de los microordenadores, el péndulo pasó a las empresas. Entonces llegó internet y la gente empezó a conectarse. Pero en casa, esta experiencia se basaba en módems de acceso telefónico, lo que presentaba bastantes inconvenientes. En el trabajo era más cómodo porque siempre tenías acceso a internet.

Más o menos cuando entramos en el siglo XXI, el péndulo de la innovación pasó al ámbito de los consumidores. Hoy en día, si quieres la mejor tecnología, la encuentras en casa. El móvil que llevas en el bolsillo es mucho mejor que el que tienes en el escritorio de la oficina. Y es muy probable que tu PC en casa sea más potente que el portátil que te han dado en el trabajo. La realidad virtual, los videojuegos y los móviles son buenos ejemplos de las innovaciones que ha impulsado la existencia de grandes mercados de consumidores.

Me gustaría señalar que cuando algo está "dirigido a los consumidores" no significa que carezca de valor empresarial, muy al contrario. Tomemos como ejemplo los drones: ofrecen un notable efecto multiplicador de la productividad de los trabajadores. Podemos poner sensores de metano en los drones y hacer que vuelen por las refinerías para hacer inspecciones más rápidas y completas. Podemos inspeccionar gasoductos y oleoductos para comprobar que no hay fugas. Podemos usar drones para hacer fotos de aerogeneradores.



Hace tiempo escribió un artículo sobre técnicas que podían brindar la siguiente gran idea. Háblenos de esto.

Mi forma preferida de buscar el siguiente gran acontecimiento es encontrar pruebas de tinkering: explorar y aprender para mejorar algo. Me explico: alguien puede estar intentando resolver un problema pero está claro que la tecnología que está usando no es la adecuada para la tarea que tiene entre manos. Es como usar cinta adhesiva y alambre cuando tu instinto te dice desde el principio que no va a servir de nada. El quid de la cuestión es que el problema que quieres resolver debe ser importante, plantearte si estás dispuesto a conformarte con una solución improvisada y un tanto mediocre. Así que contar con pruebas de tinkering, es decir, de que alguien ya ha invertido cierto tiempo y esfuerzo en algo, es una técnica mucho más eficiente a la hora de identificar áreas listas para ser investigadas que las típicas entrevistas con personas.

¿Cuáles cree que van a ser las grandes cuestiones de aquí en adelante?

Los cuatro temas principales son: energía, transporte, agua y comida. Juntos, representan el grueso del sistema operativo de nuestro planeta. Hemos hablado de algunas innovaciones en el sector de la energía —paneles solares o microrredes— y del desarrollo de los vehículos autónomos como medio de transporte. Mientras la población mundial siga creciendo, el agua y la comida van a ser dos grandes problemas.



Alrededor del 98 % del agua del planeta es en realidad agua salada, así que la desalinización tiene que ser parte de la solución. En cuanto a los alimentos, creo que una apuesta segura es la agricultura urbana y las posibilidades que ofrece. Está claro que tenemos que reinventar la agricultura tal y como la conocemos ahora. No hay bastantes tierras, va a haber más bocas que alimentar y la mayoría de la gente va a vivir en ciudades.

Si nos paramos a pensar, la agricultura urbana concuerda con lo que comentábamos al principio de la entrevista: hay que pasar a un modelo distribuido. En vez de transportar comida cientos de kilómetros, podemos trabajar juntos de forma más eficaz a escala local, porque el coste de coordinarse y comunicarse ha bajado a prácticamente cero gracias a la mejora de las tecnologías digitales.




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